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Balada - Sonámbula
Memorias de la Revolución
Cuba 1952-1962
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Yolanda Ortal-Miranda (941) 922-1215
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Extractos de Balada Sonámbula, por Yolanda Ortal-Miranda:
LA HABANA
DECIEMBRE 31 DE 1958
En el Club de Oficiales de la Ciudad Militar de Columbia, en La Habana, los
oficiales de Batista, sus esposas, familiares y amigos, están celebrando la
despedida del año la noche del 31 de diciembre de 1958. Esperan así el Año
Nuevo, totalmente indiferentes a la derrota sufrida por el Ejército de Batista y la
caída de Santa Clara en manos de las fuerzas castristas.
Los asistentes bailan o se sientan a sus mesas tomando champán. El salón está
hermosamente decorado con un enorme árbol de Navidad, globos y serpentinas
de colores.
A las 11:45, Batista, el General Tabernilla y sus esposas, unos pocos oficiales y
algunos miembros del Gabinete acompañados de sus esposas, entran al salón de
baile.
Los asistentes se ponen de pie, les aplauden cortésmente y después vuelven a
seguir disfrutando de la fiesta. Un reloj monumental empieza a dar la hora y los
asistentes, siguiendo la tradición, comienzan a contar las doce campanadas hasta la
media noche.
ASISTENTES.- ...diez, once, doce! ¡Feliz Año Nuevo!
La gente se besa y abraza. En medio de la demostración de alegría y afecto,
Batista, su esposa, y el resto del pequeño grupo de su comitiva, sale del salón por
una puerta lateral. Nadie lo nota.
***
En la pista del aeropuerto de Columbia, en medio de la noche, Batista, su familia y
acompañantes, suben las escalerillas del avión que les espera con los motores en
marcha. Los hijos de Batista y otros acompañantes están esperándolos ya en el
avión.
El avión se desliza por la pista y finalmente despega.
A la mañana siguiente, el día 1º de enero de 1959, los titulares de todos los
periódicos, y los noticieros especiales por radio y televisión, anuncian la increíble
noticia. El Presidente Fulgencio Batista, escapó de Cuba, volando a La República
Dominicana.
***
ENERO 9 DE 1959
La caravana triunfal de Fidel Castro y su Ejército Rebelde, entra en La Habana.
El pueblo, desbordante de alegría y esperanza, se lanza a la calle a recibirlos.
La imagen del joven y carismático guerrillero capta la simpatía y la imaginación de
la inmensa mayoría del pueblo y la prensa nacional y extranjera. El legendario
héroe de La Sierra, Fidel Castro,ha bajado finalmente de las montañas, una vez
que Batista y su ejército han sido derrotados por el Ejército Rebelde, al mando de
los no menos carismáticos Comandantes, Huber Matos, Camilo Cienfuegos y
“Che” Guevara. Las tropas son recibidas con entusiasmo y adoración.
Las masas, incluyendo a todo tipo de gente, desde los más humildes hasta los
adinerados y poderosos contribuyentes a la Revolución, hastiados del gobierno
corrupto del régimen de Batista, creen en las promesas de justicia y libertad, que
como una mantra obsesionante, cada noche ha repetido Fidel Castro desde La
Sierra, y le apoyan apasionada y económicamente confirmándole como Máximo
Lider de la Revolución.
Jóvenes y viejos, intelectuales, profesionales, estudiantes, escritores, artistas,
pintores, profesores, burgueses de clase media y los grandes hombres de negocio
de la Isla, contagiados de idealismo, tienen fe en que el nuevo gobierno traerá paz
y justicia a la próspera Isla, fértil y maravillosa que es Cuba.
La caravana victoriosa sigue con rumbo a la Ciudad Militar de Columbia, mientras
el pueblo, emocionado y agradecido le da la bienvenida a los soldados Rebeldes,
los héroes románticos, de aquella clase media increíble de estudiantes, maestros y
profesionales idealistas, que han expuesto sus vidas en defensa de la libertad, junto
a los campesinos de La Sierra Maestra en Oriente y de la Sierra del Escambray,
en Las Villas.
A su paso se les van uniendo, soñadores unos, aprovechados otros, los
revolucionarios verdaderos y los de última hora, que se dejaron crecer la barba y
el pelo a partir del triunfo de la toma de Santa Clara, para lucir legítimos a la hora
del triunfo.
Hay algo en el aire, al agitar miles de banderas cubanas, que conmueve y
humedece los ojos de los espectadores delirantes. El mar, a lo largo del Malecón,
parece más azul y el cielo más límpido y el sol más brillante, y las esbeltas palmas
reales se levantan contra el cielo agitando orgullosas su cabellera verde y lustrosa,
ebrias de alegría y esperanza.
***
MAYO 1959
Han pasado apenas cinco meses del triunfo de Castro, que se ha nombrado Primer
Ministro y ahora proclama la Ley de Reforma Agraria..
Un Capitán del Ejército Revolucionario, con la consabida barba copiosa y la
descuidada cabellera hasta los hombros, llega a la puerta de una casa de campo
limpia y bien cuidada aunque sin lujo.
El Campesino, el mismo hombre que estaba escuchando con su familia el
pronunciamiento de Fidel Castro por onda corta sobre la Reforma Agraria desde
La Sierra, saluda al Capitán.
CAMPESINO.- ¿En qué puedo servirle, Capitán?
CAPITÁN.- Estamos aquí con órdenes de confiscar su propiedad.
CAMPESINO.- ¿Qué está diciendo?
CAPITÁN.- ¿Ha oído de la Reforma Agraria?
CAMPESINO.- Mi propiedad no es suficientemente grande para ser confiscada.
Tengo unas cuantas hectáreas y las trabajamos entre mi hijo y yo. No somos
latifundistas ni tenemos tierras baldías.
CAPITÁN.- No importa. Todas las tierras van a ser confiscadas por el gobierno.
Usted puede quedarse aquí, trabajar la tierra y recibir un salario.
CAMPESINO.- ¡Esta tierra y esta casa son mías! Tengo los papeles para
probarlo. ¡Fueron de mi abuelo y de mi padre y pagamos por ellas con nuestro
trabajo y nuestro sudor!
CAPITÁN.- Yo sigo las órdenes que me dan.
El hijo del Campesino llega corriendo a caballo.
HIJO DEL CAMPESINO.- ¡Papá! ¡Estos bestias están asando el toro nuevo!
Traté de detenerlos pero—
CAMPESINO.- (interrumpiéndolo, furioso) Ese toro me costó una fortuna. Nos
hemos sacrificado y privado de muchas cosas para comprarlo. ¡Es un toro padre
de raza! ¡Un semental valioso!
CAPITÁN .- Le diré a los muchachos que le den un buen pedazo de carne.
CAMPESINO.- ¡Yo no quiero carne, idiota! ¡Esto no es lo que Fidel prometió
desde La Sierra! Yo lo oía todas las noches y creí en él. Hasta compré bonos
para ayudar la Revolución. ¡Lárguense de mi tierra! ¡Lárguense!
La esposa del campesino sale de la casa, preocupada al ver y oír cómo sube de
tono la discusión acalorada entre los hombres.
CAPITÁN.- ¡Déjese de eso, compañero! ¡Cálmese!
El Capitán se vuelve y comienza a caminar en dirección a sus hombres y la
parrillada en que están asando el toro semental.
El CAMPESINO entra a la casa y vuelve a salir inmediatamente con un rifle en sus
manos y dispara una bala al aire para advertir a su adversario de que salga de su
propiedad.
CAMPESINO.- ¡Le he dicho que se vayan de mi tierra!
El Capitán se vuelve, revolver en mano, y le dispara al Campesino dándole un tiro
en el pecho. El Campesino cae a tierra muerto. Su hijo toma el rifle y le dispara al
Capitán pero no da en el blanco.
El Capitán dispara de nuevo, esta vez contra el hijo del Campesino, matándolo
también. La esposa del Campesino grita y llora enloquecida ante la muerte de su
esposo e hijo.
LA HABANA
Una semana más tarde, Fidel Castro está en su despacho hablándole a un grupo
de reporteros de televisión y de la prensa escrita. Alfredo está presente.
FIDEL.- Para prevenir tantos accidentes fatales, estamos ordenando a los
ciudadanos que entreguen sus armas a las autoridades competentes. De hoy en
adelante será ilegal poseer armas de fuego. ¿Armas, para qué? ¡Nosotros les
protegeremos!
Los Reporteros, silenciosos, acoquinados y a la vez incómodos por el silencio
vergonzoso que guardan ante semejante decisión unilateral del “Máximo Jefe,”
salen del despacho.
ALFREDO.- Mucha gente va a sentirse furiosa con esta ley que considerarán
injusta. Hasta ahora han tenido derecho a tener armas siempre que tengan un
permiso oficial para tenerlas en casa.
FIDEL.- Se acostumbrarán. Tú te preocupas demasiado por estas minucias,
Alfredo.
***
CAMAGÜEY
OCTUBRE 21 DE 1959
En el cuartel Agramonte, en el despacho del Comandante Huber Matos, Jefe
Militar de la Provincia de Camagüey, se encuentran éste y el Comandante Camilo
Cienfuegos, Jefe del Ejército Rebelde.
Han pasado apenas nueve meses desde que ambos héroes entraran en La Habana
con Castro como parte de la caravana victoriosa y le acompañaran en la tribuna,
en la antigua Ciudad Militar de Columbia, durante su discurso.
CAMILO CIENFUEGOS.- Fidel está furioso porque renunciaste a tu cargo de
Jefe Militar de Camagüey y por tus objeciones a la influencia comunista en el
ejército. ¡La carta que le enviaste fue un error garrafal de tu parte, Huber!
HUBER MATOS.- No puedo continuar. No soy comunista y Fidel y Raúl no
sólo los toleran sino que los están ascendiendo a posiciones clave en el ejército y
en el gobierno. Además, no aceptan opiniones contrarias a las suyas. ¡Mira lo
que le pasó al Presidente Urrutia!
CAMILO CIENFUEGOS.- Fidel te considera un traidor y me ha enviado para
que acepte tu renuncia. Lo siento. Méndez Sierra te reemplazará. Fidel llegará
más tarde y se encargará de la situación.
HUBER MATOS.- Cuídate, Camilo. Fidel es maquiavélico y egocéntrico. El
sabe que “el pueblo” y los soldados te admiran y confían en ti. ¡Te ve como un
posible rival; algo que no tolera! Puede que seas la próxima víctima.
*
TITULARES DE PERIÓDICOS: “HUBER MATOS DETENIDO Y
ACUSADO DE TRAICIÓN POR FIDEL CASTRO”
“24 OFFICIALES LEALES A MATOS CONDENADOS COMO
TRAIDORES”
“HUBER MATOS CONDENADO A 20 AÑOS DE PRISIÓN”
***
OCTUBRE 28 DE 1959
Fidel y Raúl Castro están hablando en el despacho de Fidel.
FIDEL.- ¿Estamos seguros de que Camilo regresará hoy por avión?
RAÚL.- Totalmente. No te preocupes. Tengo absoluta confianza en el piloto del
“Sea-Fury.”
FIDEL.- Tiene que ser una operación sin fallos. Él tiene mucho arrastre.
RAÚL.- No es posible que fallemos. El plan es muy simple.
CAMAGÜEY
Al atardecer, Camilo Cienfuegos se despide de los Oficiales que han ido a
despedirlo al aeropuerto en Camagüey y aborda el Cesna que lo llevará de regreso
a La Habana.
Cuatro minutos después de haber despegado el Cesna, en la misma dirección
despega un Sea-Fury de acuerdo con el record de vuelos del aeropuerto.
El avión de Camilo nunca llega a La Habana como estaba destinado.
Al saberse la noticia una serie de rumores a media voz corre de boca en boca de
un extremo a otro de la Isla como tímidos pájaros asustados. El más concreto y
serio es que un campesino vió un avión que volaba a gran velocidad, atacando a
otro más pequeño y lento derribándolo en aguas del Puerto de Casilda, cerca de la
ciudad de Trinidad.
Nunca se encontraron restos del Cesna ni de sus ocupantes.
***
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